¿SABEMOS ALIMENTARNOS?

Si la alimentación debe aportar todos los Nutrientes, en las cantidades y proporciones, que necesita el organismo para su desarrollo y renovación, podemos afirmar que la mayoría de la población del primer mundo “NO SABE ALIMENTARSE”, puesto que la ignorancia y la despreocupación en esta materia es generalizada.

Analizando el "desconcierto alimentario" imperante entre nuestros conciudadanos, casi me atrevo a pensar que esta situación no es un hecho fortuito, sino que obedece a una estrategia directamente planificada o, al menos, voluntariamente permitida por ciertos organismos influyentes de ámbito supranacional.

Estas "epidemias" de obesidad, diabetes, hipertensión, cáncer y demás enfermedades crónicas, en continuo crecimiento, hace muchos años que tenían que haber hecho saltar todas las alarmas sanitarias y haber abordado una investigación seria de las causas subyacentes, que necesariamente están relacionadas, en una gran parte, con los desequilibrios nutricionales que aporta la alimentación del primer mundo.      

La Salud (Ver) está seriamente afectada por defectos, excesos y errores en la composición de los alimentos y, mientras enfermamos, sigue surgiendo nuevas teorías y programas parciales, que solo aportan soluciones puntuales y superficiales a los problemas de Obesidad (Ver), Diabetes (Ver), Hipertensión (Ver), Cáncer (Ver), Depresión (Ver), etc. Sigue...

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LA DIETA HUMANA

En el Paleolítico la dieta del Homo Sapiens se basaba en verduras, brotes tiernos, raíces, tubérculos, bayas, frutas y frutos secos; estaba reforzada con proteínas, aportadas por insectos, crustáceos, anfibios, reptiles, pescados y carnes; era escasa en grasas y también pobre en cereales.

Desde hace 15.000 años con el desarrollo de la agricultura y la ganadería se viene produciendo un cambio importante respecto a la accesibilidad a los alimentos, pero hasta hace pocos años se mantenía un cierto orden en cuanto a las proporciones de los principales nutrientes.

Actualmente en los países desarrollados predomina el caos alimenticio, basado en las ofertas de productos de consumo directo, promocionados por las industrias alimentarias.

Nuestra dieta ha sufrido numerosos cambios, siguiendo la evolución del entorno, pero en nuestros genes perduran las características ancestrales, que permitieron superar toda suerte de adversidades.

Confirmamos la homogeneidad de nuestras bases nutricionales, estudiando a los pueblos primitivos del Amazonas, Orinoco, Nueva Guinea, África central, etc., apoyándonos en el análisis nutricional de la leche materna, la proporción de sus nutrientes, el ritmo de la ingesta, la cadencia de las comidas, etc.

Nuestro código genético no ha variado en los últimos 100.000 años, es decir, nuestros  requerimientos alimentarios coinciden con los del hombre recolector y cazador de la prehistoria, mucho más que con los del actual humano cliente del supermercado.

Las propuestas alimentarias ofertadas por la revolución industrial, con su abundancia en hidratos de carbono y alimentos elaborados no han tenido tiempo de dejar huella en nuestros genes, que siguen anclados en el periodo paleolítico.  Sigue...

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BASES DE LA NUTRICIÓN

1º.- “El ser humano es un animal omnívoro,  que depende de la interacción con su medio ambiente y necesita macronutrientes, (Agua, Glucosa, Aminoácido y Ácidos grasos esenciales)  y micronutrientes , (Vitaminas  y Minerales).

 2º.- “Alimentar un sistema es aportarle los elementos necesarios en cantidad, calidad y proporción para garantizar su eficiencia. 

3º.- “Los márgenes de tolerancia, frente a la desproporción de los nutrientes, son estrechos, están definidos genéticamente y no pueden ser alterados sin provocar enfermedades y comprometer la supervivencia”.

 4º.- "Si el ser humano dispone de los recursos adecuados, tiende de forma natural al equilibrio hormonal, a regenerarse y rehabilitarse, disfrutando de una salud plena durante todo su ciclo vital".

5º.- “La especie homo sapiens ha logrado sobrevivir más de 250.000 años a todas las adversidades, dificultades y enfermedades, con unos medios muy limitados, siguiendo sus instintos más elementales”. Sigue...

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¿QUÉ DEBEMOS COMER?

Básicamente debemos asegurar lo que nuestro organismo necesita: agua, glucosa, aminoácidos, fibras, ácidos grasos, minerales y vitaminas, pero en las cantidades y en las proporciones precisas.

Los primates desde al menos 6 millones de años han venido nutriéndose a base de verduras de hoja, brotes tiernos, cortezas, algas, bayas, semillas, frutas silvestres e insectos, sin renunciar puntualmente a tubérculos, raíces y todo lo comestible que se ponía a su alcance, como moluscos, crustáceos, peces, anfibios, huevos, aves, carroña e incluso piezas de caza mayor.

Con el paso de los años e innumerables procesos experimentales de ensayo-error, hemos aprendido de nuestros mayores e incorporado a nuestra cultura gastronómica cientos de combinaciones de ingredientes aptos para servirnos de alimento.

Somos omnívoros y todas las fórmulas culinarias, que han recibido el refrendo de la comunidad y han seguido utilizándose en la alimentación humana, son útiles para el hombre actual, bien sean solas o asociadas con otros alimentos.

Ninguna receta tradicional es absolutamente mala ni debe ser prohibida, antes bien todas pueden ser buenas si se las combina adecuadamente. De la misma reflexión se puede concluir que ninguno de los actuales “ingredientes estrella” son en realidad productos extraordinarios ni imprescindibles para la consecución de la salud. Sigue...

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¿CÓMO DEBEMOS COMER?

Hay que comer despacio, masticando e insalivando los alimentos antes de conducirlos por el aparato digestivo, que está preparado para extraer los nutrientes necesarios para la supervivencia. El proceso de la digestión es complejo y en él intervienen elementos físicos, químicos y biológicos, que en conjunto hacen viable la extracción de nutrientes y su absorción por el organismo.

Estas características ponen de manifiesto la importancia vital de la acción conjunta de todo el aparato digestivo para asegurar una nutrición correcta, ya desde el inicio con la masticación e insalivación preparatorias para las acciones gastrointestinales.

Los alimentos ingeridos deben ser degradados para permitir la absorción de todos sus componentes, por ello es relativa la importancia práctica de que los alimentos tengan un determinado origen o un precio más o menos elevado.

Nuestra forma de sentir y de pensar está muy relacionada con nuestra alimentación y por eso “estamos según comemos”. El sistema nervioso entérico es el gran productor de la hormona serotonina (Ver), también llamada hormona de la felicidad y por eso con el estómago lleno nos sentimos de buen humor, hay ganas de reír, cantar y bailar, pero si está vacío, nuestro comportamiento se torna agresivo. Por el contrario, si estamos estreñidos, manifestamos malestar e inquietud y si la digestión es pesada, nos encontramos adormilados y no podemos concentrarnos. Sigue...

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